viernes, 2 de agosto de 2013

Memorias de una joven homeschooler en Japón

Un sueño cumplido:

Mi niña cumplió el pasado abril 18 años. Siempre me ha gustado mimarla con palabras cariñosas, y la sigo llamando "mi niña", pero soy consciente de que ya es una mujer. Cuando nació, tan hermosa y diminuta, tan sana y fuerte y, a la vez, tan delicada, me enamoré de ella nada más verla y sentí dentro de mi este deseo de no separarnos y de cuidarla lo mejor que pudiera; me imagino que esto es lo que se podría llamar instinto materno y en cada mujer se manifiesta de una forma o de otra, nunca igual para todas. En nuestro caso mi instinto materno me llevó por un camino menos transitado en cuanto a la educación de mis hijos: la educación en casa. Se sumaron más motivos, por supuesto (educar en casa es un modo de vivir, con todas sus ventajas y desventajas), y no llevé a la niña nunca a ninguna institución ajena, ni guardería, ni escuela, ni instituto. Mi hija es una mujer que aprendió todo lo que sabe en casa - no estando encerrada, como mucha gente tiende a pensar, sino simplemente junto a su familia. Es lo que podemos llamar una joven homeschooler.

¿Qué y cómo aprendió? En primer lugar nosotros nos fijamos mucho en sus inclinaciones, sus talentos y habilidades, su conjunto de inteligencias, y las fomentamos todo lo que pudimos: observamos que le gustaba cantar y bailar y la llevamos a clases de música y ballet. Observamos que le gustaba mucho hablar e inventaba largas conversaciones en idiomas desconocidos, y nosotros resolvimos utilizar como recurso la televisión y los vídeos en versión original, para ayudarla a acostumbrarse a otros sonidos aparte de sus dos idiomas maternos. Precisamente fueron las películas de dibujos animados - las "anime" de Miyazaki - las que la hicieron entusiasmarse por la que ahora es una de sus grandes pasiones: la lengua japonesa. A los 11 años me pidió comprarle unos cuadernos de japonés con viñetas y dibujos y se puso a estudiarlos con el hermano. La tarea no resultó fácil, yo no les podía ayudar en nada y la suerte me cruzó dos años más tarde con una japonesa que vivía en Valladolid - le pregunté si les podía dar clases a los niños, ya que en aquel entonces los dos estaban interesados en aprenderlo, ella dijo que sí y así empezó la relación de mi hija con este complicado idioma. En paralelo, a los dos los había matriculado en un instituto a distancia y estudiaban con tranquilidad sin perder su ritmo, pero sin prisas. De eso hace ya cinco años; mi hija acabó el instituto hace un mes; hace dos semanas vio su sueño cumplido: poder ir a Japón a un curso de japonés intensivo durante un mes - su mayor orgullo fue que la hayan metido en el tercer nivel (de cinco) y que se entienda con sus compañeros en japonés, que sepa pedir información en la calle y que sepa leer sin problemas los caracteres kanji y hiragana; porque para ella, que no había ido nunca a Japón, ni había estado expuesta al idioma más que una o dos veces a la semana, su logro fue una gran hazaña.

Habrá personas que se pregunten ¿y el curso no costó mucho dinero? Sí, costó, empleamos gran parte de nuestros ahorros y dejamos en la cola otras prioridades para poder ayudarla a hacerlo, pero sentimos los dos, su padre y yo, que lo merecía sin ninguna duda, habíamos visto sus esfuerzos, su ilusión y su placer cuando estudiaba, hemos comprobado sus avances (¿saben cómo te sientes cuando estas de viaje por alguna ciudad turística y que vuestro hijo se acerque a un grupo de turistas japoneses y se ponga a charlar con ellos?) y consideramos que era nuestro deber apoyarla.

Hay gente que me pregunta cómo se las arregla allí sola - algunos amigos o conocidos que se creen que educando en casa se crían "personas asociales que no saben hacer nada y no pueden vivir sin sus padres"... Bueno, pues no, precisamente al estar siempre con nosotros y viéndonos cómo nos organizamos y al dejarla a ella libre para organizarse ella misma aprendió también a hacer las cosas que casi diría que sabe organizarse ella mejor que nosotros. Y el otro día, viéndole por Skype la carita feliz que tenía, nos dimos cuenta que hicimos lo correcto, es lo que ella necesitaba.

¿Qué pasará ahora? se preguntarán algunos. Pues no lo sabemos; no hay nada planificado y quizá sea esta una de las mayores lecciones que nos puede aportar el homeschooling: si no se planifica tanto, se deja la puerta abierta para varias opciones. Ya lo contaremos. Por el momento les dejo su blog en el que cuenta sus impresiones sobre Japón:


Quien desea animarla, que le deje algún comentario. Además, se alegrará de que le pregunten cosas sobre su amado Japón, seguro.



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ESCRITO POR...

Sorina Oprean es madre que educa en casa a sus dos hijos desde hace 18 años y es miembro fundador y expresidenta de ALE.
Es coautora de "Razones para educar en casa" y de "Educar en casa, día a día".
Activista del movimiento de homeschooling y unschooling en España ha participado como conferenciante y ponente en diferentes actos de muy diversas entidades, destacando sus participaciones en la Universidad de Palencia, la Universidad Jaume I de Castellón, La Universidad de Navarra, la Universidad de Bogotá (Colombia) y la Universidad de Bucarest (Rumanía).
Actualmente es redactora de la comunidad virtual de Educarpetas, donde escribe semanalmente sobre educación, está preparando su primer libro en solitario, y ofrece talleres y charlas de forma regular en Bucarest (Rumanía).
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2 comentarios:

Cristina Tébar dijo...

Hola Sorina,
Estoy siguiendo el blog de tu hija y disfruto mucho leyendo lo que escribe sobre su experiencia en Japón, un país que me encanta, de vez en cuando le dejo algún comentario.

Me ha gustado mucho conocer tu experiencia, creo que el hecho de ver ejemplos de niños homeschoolers que se convierten en adultos íntegros y capacez de desenvolverse en el mundo real, como tu hija, puede ayudar a desestigmatizar la educación en casa y derribar mitos como el que has comentado: la idea de que los niños educados en casa no socializan bien y no saben vivir sin sus padres; tu hija es un claro ejemplo de que esto no es así. Enhorabuena!

Sorina dijo...

Gracias, Cristina. Creo que hay muchos niños homeschoolers que son ya adultos utiles para la sociedad, pero a veces estamos tan enquistados en nuestro mundo que no queremos ver la realidad aunque la tengamos delante de los ojos. Por eso precisamente escribí sobre nuestra experiencia.
Un abrazo.

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