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viernes, 18 de noviembre de 2011

Silvana traslada su cole al Parque de las Ciencias

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Ángel Arias y su mujer son algunos de los padres granadinos que han decidido que su hija no acuda al colegio para educarla ellos
07.11.11 - 10:21 -
DIEGO QUERO | GRANADA

Lo normal en estos tiempos –si la crisis lo permite– es que padre y madre trabajen y lleven a su hijo al colegio. Los días no están sobrados de horas y los padres agradecen que sus críos estén educándose en el colegio y en actividades extraescolares por las tardes. Para muchos, es la única manera de compatibilizar el trabajo con tener hijos.
Pero hay otras maneras de hacerlo. Hay familias decididas no solo a derribar barreras sino a sacar a sus hijos de las cuatro paredes de un aula convencional. Son integrantes del movimiento ‘Unschooling’ o ‘Homeschooling’, o lo que es lo mismo, ‘Educar en casa’. Una corriente que también ha tenido su eco en Granada.
El menor es el que aprende, «guiándose por su instinto, como un aprendiz de científico, porque en eso consiste», explica Ángel Arias, firme defensor del movimiento y practicante, ya que su hija Silvana no va a clase ni puede que lo haga en los próximos años.
Ángel Arias, junto con su mujer Frances, profesora de inglés, han decidido que su hija elija ella misma el aula que quiera cada jornada. Tiene tan solo cinco años y aún no es obligatorio llevarla al colegio, aunque Ángel asegura que no tiene intención de hacerlo. «La educación de Silvana es tarea suya, ella es la que programa dónde ir cada día, qué es lo que quiere aprender. Uno de sus sitios preferidos es el Parque de las Ciencias, donde puede experimentar y aprender de primera mano de todo lo expuesto». Uno de sus rincones favoritos es el desván del museo, donde está aprendiendo a leer.

Como un pez en el desván
Silvana se sumerge en el desván como pez en el agua, se le ve a gusto, calmada, si se le compara con otros niños que pasean por el centro, que miran más deprisa lo que hay a su alrededor. A veces coge un libro, otro rato se entretiene con la bola del mundo, donde reconoce Granada y Manchester, la ciudad de su madre, y otras simplemente se tumba en los cojines y observa lo que hay a su alrededor. Así pasan las mañanas, ya sea en el Parque de las Ciencias, en los bosques de la Alhambra, en la playa, o en Sierra Nevada. El aula de Silvana es el entorno, «un entorno rico de experiencias donde ella pueda elegir, interactuar, tomar algunas cosas y dejar otras, crear un ambiente estimulante que sea el motor de su trabajo, que no es poco», explica Ángel.
Silvana conoce también otro tipo de educación, como la que recibe en sus clases de ballet, teatro y música. Es aquí cuando la menor tiene la oportunidad de relacionarse con otras personas de su edad o de otras «en un entorno no estresante como puede ser la calle o en una actividad que libremente ha elegido», en palabras de Ángel. «Lo que no entiendo es por qué tenemos que coger a los niños, sacarlos de un espacio muy rico en experiencias que puede ser la sociedad, la calle, y meterlos en un sitio donde dicen que los están preparando para la vida real», justifica Ángel.

La escolarización
Faltan pocos meses para que Ángel tenga que escolarizar a Silvana, algo que no pretende hacer: «Lo que me espera es que venga una denuncia, que vengan los servicios sociales, y que yo tenga que demostrar que la niña no está haciendo nada malo, demostrar que somos inocentes, y entonces el caso pasará a la Fiscalía de Menores, iremos a juicio y esperaremos que un juez determine que la niña está atendida», asegura Ángel, convencido de la decisión «muy meditada» que han tomado él y su mujer, aunque se muestran abiertos a la posibilidad de que Silvana pida ir al colegio más adelante. Ángel lucha con vehemencia contra los que piensan que «la educación es un producto que se puede dar empaquetado, en una secuencia, y eso es ir en contra de lo que es la vida, porque el aprendizaje es un proceso».
Aunque seguro de su decisión y confiando en el camino de Silvana, Ángel recapacita cada día sobre la no escolarización de su hija. «Es un trabajo duro cuestionarte si lo estás haciendo bien o lo estás haciendo mal, pero esto es un miedo muy sano porque hace sacar lo mejor de ti».

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